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lunes, 1 de noviembre de 2010

Cuéntame al oído.





Suelen decir que la vida no es un camino de rosas, puede que tengan razón. Ha habido filósofos que incluso han llegado a la conclusión de que el amor es una trampa que se tiende al hombre para perpetuar la especie. Yo, desde luego, no coincido con ninguna de las dos afirmaciones.
El amor es algo necesario, que te hace sonreir, al mismo tiempo que también te trae sufrimientos. Hay muchos tipos de amor: tanto de familia, como amistoso, aunque todos sabemos que el único capaz de mover montañas es otro tipo de amor. Hoy en día, las parejas se separan, se divorcian; ves a hombres enchaquetados y a mujeres llenas de joyas pelearse en restaurantes caros, una vez incluso vi a una pareja tirándose cacharros por la ventana a lo película americana. Es cierto que todo eso sucede, es cierto que hay veces que cuando todo acaba mal y cuando una relación de años se derrumba, surgen los problemas. Pero, para variar, no estoy de acuerdo con esto, cuando el amor acaba solo queda el cariño y los recuerdos felices, y vas por la calle y sonríes recordando momentos en esa calle que ahora estas observando como un idiota, quizás donde teníais vuestro hogar. O esas veces que pasas por una tienda de animales y recuerdas cuando comprasteis a vuestro perro. Hay miles de detalles... ¿Por qué ponerse triste? ¿Por qué la gente no es capaz de ver todo esto como algo normal que ha pasado y que se ha acabado? ¿Por qué empeñarse siempre en darle vueltas a todo si el ser humano es taaan simple? Puede que la vida no sea un camino de rosas, pero es un camino, y el camino te lo haces tú, y puedes ponerle rosas, margaritas, amapolas o lo que te dé la real gana. Porque para eso es TÚ camino.


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