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lunes, 17 de junio de 2013

Y miraba y no encontraba.


Ella paró en seco. Miró a su alrededor, analizando cada detalle que podría apreciar. La acera, los pájaros, las rosas rojas a cada lado de la calle, los autobuses que pasaban rápidamente, como si a nadie en el mundo le importase qué estaba pasando.
Pero ella lo sabía, sabía que todo había cambiado. Sabía que cuando se escoge un camino se dejan otros muchos atrás. Y sabía que ya había escogido su camino. Que ya solo quedaba aceptarlo, seguirlo y conseguirlo.
Pero no era esa la cuestión. Porque la cuestión no es si podemos alcanzar o no aquello que nos proponemos. Lo que realmente importa, y lo que realmente le importó era el precio que tendría que pagar por ello.